viernes, 20 de mayo de 2011

Apartarse del pecado... Una característica distintiva de todo genuino hijo de Dios

Mateo 7:21-23 "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".

2 Timoteo 2:19 "El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos, y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo".

1 Juan 3:3 "Y todo aquél que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro".

Los textos bíblicos alistados muestran lo trascendental que es la santidad en nuestra relación con Dios. Dios es claro: nadie entrará en su reino si es un "hacedor de maldad". Dios expresa con firmeza que sus hijos tienen que estar lejos del pecado.

Un hijo de Dios se distingue por su afan y su búsqueda ferviente y constante de pureza. Su Señor es puro y el hijo de Dios también quiere serlo. Si usted es cristiano o profesa serlo, tiene en la pureza y la santidad las señales para probar su vinculación con Jesucristo.
 
Definición del pecado

Pecado es ir en contra de lo que Dios ha dispuesto. Desobedecerle.
Pecado es todo acto que dañe a Dios y otros.
Pecado es no hacer lo bueno, sino lo malo.
Pecado es también tener deseos impuros y sentimientos malos como el enojo, la amargura, el resentimiento, la envidia, la codicia, etc.


Las consecuencias del pecado en la historia de la humanidad

En el huerto de Edén, el pecado separó al hombre de Dios, lo vinculó a Satanás y le atrajo el juicio divino.

Adán y Eva experimentarón la desdicha que trae el pecado: Su hijo Caín, que fue dominado por su pecado, mató a Abel, su hermano.


Dios destruyó por medio del Diluvio Mundial a toda la humanidad que se había vendido al pecado. Sólo se salvaron Noé y su familia. Esa destrucción fue terrible y total. Todo fue raído y arrazado.

Si viajamos en el tiempo y vamos a Sodoma y Gomorra, veremos a los niños y las niñas, los jóvenes y las señoritas, los adultos y las adultas, los ancianos y las ancianas, los sanos y los enfermos ... Los veremos a todos creciendo y "disfrutando" su pecado ... Luego, los veremos corriendo desesperados con alaridos y aullidos. El motivo: Dios derramó fuego y azufre sobre ellos.

Podemos revisar la historia de los judíos y verá lo que trae consigo el pecado: muerte, dolor, desesperación, llanto, esclavitud, etc.


Ahora mismo podemos revisar los periódicos, la noticias en tv, ... También podemos pasear por la calles de cualquier ciudad del mundo y veremos lo que hace el pecado en la vida de los hombres.

El pecado es algo que trae temor, vergüenza, dolor, amargura, frustración, separación, insatisfacción, ... MUERTE. Muerte espiritual, muerte física y muerte eterna. La última, una vez ocurrida, ya es irremediable y mantendrá, al que la sufra, en tormento eterno, por los siglos de los siglos, en el infierno que arde con fuego y azufre.

Jesucristo y el pecado

Jesucristo vivía en los cielos junto a su Padre y al Espíritu Santo. Vivía junto a ellos en completa unidad y armonía.

Desde allí y viendo lo que el pecado había causado y causaba en la tierra, Jesucristo se separó de su Padre y del Espíritu Santo y vino hasta este mundo.

Estando en la tierra, Jesucristo sufrió en sí mismo el fruto del pecado de los hombres.

Jesús fue traicionado, calumniado, maltratado y objeto de burla y menosprecio. Finalmente, fue asesinado brutalmente por los judíos con la complicidad de los romanos y de todos quienes vivían en ese tiempo.

Desde luego, Jesús resucitó y venció a la muerte. Desde ese entonces, hay salvación, perdón de pecados, vida eterna y una vida nueva para todo aquel que cree en él de todo corazón.

El pecado es algo que el hijo de Dios odia, abandona y quiere desaparecer de su vida.

Todo aquel que es un genuino hijo de Dios se aparta decididamente del pecado. En vez del pecado, el hijo de Dios anhela y busca ferviente y diligentemente la pureza y la santidad en toda área de su vida.

El hijo de Dios reconoce que la santidad y la pureza es la manera en que expresa su amor y su gratitud a Dios por los privilegios que ha recibido de él.

1 Corintios 6:19-20. ¿Quién vive en nosotros? EL ESPÍRITU SANTO. Si el que vive en nosotros es santo... ¿no deberíamos serlo también nosotros?

2 Corintios 6:14-7:1 . Las promesas de Dios son: Ustedes serán mi pueblo - Yo les recibiré - Yo seré vuestro Padre. Estas promesas son el sustento para limpiarnos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Efesios 4:22-24. Tenemos que despojarnos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos. Es nuestro deber renovarnos y vestirnos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

2 Timoteo 2:22 nos exhorta a huir de las pasiones juveniles y a seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.

Conclusión

Vivimos en un siglo en el que es muy difícil mantenerse lejos del pecado y de la iniquidad. La maldad nos asedia. Somos bombardeados con todo tipo de impureza.

Con todo, los que somos hijos de Dios estamos llamados a apartarnos del pecado. ¡Debemos alejarnos más y más cada vez!

El mundo quiere ver que los hijos de Dios somos distintos... Esto tienen que verlo en nuestra forma de vivir.

Dios quiere usarnos para su gloria, quiere que impactemos a los que nos rodean.

Para que Dios nos use es necesario nuestra santidad y pureza. No hay maldad pequeña ni maldad grande... la maldad es maldad y el hijo de Dios se aparta de ella.

Una palabra final, si lees este artículo y aún no eres hijo de Dios por la fe en Jesucristo, conviértete a él de todo corazón. Si haces esto, serás perdonado de tus pecados, serás libre del pecado y recibirás de Jesús el poder para apartarte del pecado. Dice la Biblia: "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 8:36).
¡Qué Dios nos ayude a apartarnos del pecado y de toda suerte de maldad!

Este artículo fue publicado por primera vez en el portal de la Iglesia Latina www.iglesialatina.org

viernes, 13 de mayo de 2011

¡NECESITAMOS EL PODER...
QUE DE LO ALTO DEBE VENIR! *

I
¡Qué, débiles ... pero qué débiles
Que somos sin tu poder, oh Señor!
Hoy más que nunca, nosotros, tus hijos,
Somos conscientes de esta verdad.
Por ser nuestra lucha
Contra Satanás y sus demonios,
Contra el mundo y la carne,
Y contra toda suerte de maldad;
Impotentes somos todos,
Sin tu poder, oh gran Señor.

II
Conscientes de nuestra grande necesidad,
Misericordioso y comprensivo Señor,
Venimos ante ti: humillados,
Angustiados y muy necesitados.
A fin de que tu misericordia y piedad
Te hagan socorrernos y restaurarnos
Para avergonzar así a nuestro maligno adversario
Y a sus demoniacas huestes.

III
¡Auxílianos! ¡Socórrenos!
Soberano y Bendito Jehová,
Creador de los cielos y de la tierra.
Sin tu ayuda somos fáciles blancos
Del maligno y de sus huestes;
Te necesitamos desesperadamente,
Todopoderoso Señor.
Necesitamos que nos impartas
Tu fuerte energía y tu grande poder.
Porque no queremos estar ya más
En oprobio ni en afrenta
A causa de nuestra flaqueza y debilidad.

IV
Tú sabes, Todopoderoso Señor,
Que todo el mundo se ha levantado contra ti,
Y que nosotros, tu pueblo escogido,
Sufrimos este levantamiento también.
Es por eso que te rogamos suplicantes a ti
Que nos acompañes en la lucha contra ellos,
Oh buen y misericordioso Dios.
Suplicamos..., rogamos...
Que el poder de lo alto
Venga hoy sobre nosotros.

V
Que tengamos ahora el poder,
El mismo que acompañó a tus siervos,
A los que en antaño te honraron.
Aquellos, que no temieron
Ni a reyes, ni a fieras,
Ni aun a la muerte misma.
Gente que te honró y glorificó
Entregándose aun a la muerte
Por testimoniar a todos de ti.

VI
Es por eso que pedimos
Que nos des hoy de tu poder, oh Señor
Cuán débiles somos sin tu poder, oh Señor
Sin él no podemos, ni podremos
De Jesucristo a otros testificar.
Ni contra el Diablo, ni el mundo,
ni el pecado, triunfar.
Escucha nuestras suplicas
Por amor a tu nombre, Señor.

VII
Úngenos con tu poder
En este tiempo, Señor.
Para que así la gente
Que hoy nos ve pueda saber:
Que tú estás en medio nuestro,
Que nosotros somos tu pueblo amado,
Que hacemos todo lo que hacemos
Porque tú nos lo has mandado
Y porque tú nos fortaleces y ayudas.
Para que así más personas
Se puedan arrepentir
y puedan
A Cristo el Salvador venir
Y a él por siempre servir.
Es para esto que necesitamos el poder...
El poder que de lo alto
Hoy ... hoy mismo debe venir.

Amén.

Trujillo, año 1995.
Trujillo, 17 de mayo de 1998.
Barranco, 5 de Noviembre de 2005
Trujillo, 13 de Mayo de 2011

* Aclaración:

Yo creo que el poder de lo alto ya vino a nosotros en la persona del Espíritu Santo, que esto ocurrió en el mismo momento en que creímos genuinamente en Jesucristo (
Hechos 19:2; Efesios 1:13-14; 1 Corintios 12:13).

Empero, aún cuando esto es así, nosotros a causa de nuestra pecaminosidad, carnalidad, mundanalidad e infidelidad apagamos al Espíritu Santo y es por eso que él no puede expresarse en nosotros como quisiera hacerlo.

Lo que sigue a continuación es fruto de mi estado de ánimo, más que de mi convicción teológica respecto a este tema.

Muchas veces y en muchos lugares del mundo, los cristianos vivimos como si el Espíritu Santo no estuviese en nuestras vidas. No tenemos su poder, su gozo, su consuelo, ni su victoria.

En especial, digo esto porque caemos en pecado muy fácil y constantemente. Guardamos en nuestros corazones codicias necias que van adueñándose de nosotros de tal modo que nos enredamos horriblemente.

He sido testigo de cosas horribles, que deshonran a nuestro Dios, causan desánimo a los creyentes y estorban la conversión de lo que no tienen a Cristo. He visto este tipo de cosas en los 24 años que sigo a Jesucristo. No quiero acostumbrarme a ver esto. Quiero un cambio y es por eso que oré como está escrito abajo. Oro no solo por mí sino por todo aquel que de verdad es hijo de Dios.

Mi escrito es una oración a Dios, la hice en las fechas que están indicadas en el escrito.

Yo anhelo el poder de Dios en mi vida personal y en la vida de la Iglesia de Cristo. No estoy hablando del poder del Espíritu Santo en la forma que pregonan hoy muchas iglesias contemporáneas, que no quiero especificar.

Yo quiero el poder que santifica, que nos aparta del pecado en la vida diaria y que nos hace alertas, cuidadosos y serios al vigilar nuestra vida personal. Quiero el poder que hace que nos arrepintamos de las cosas más mínimas que hacemos mal y que ofenden a Dios y a los que nos rodean. Ya sea solo un mal deseo, un mal gesto, una mala mirada, una mala reacción, una mala palabra, etc.

Quiero el poder que nos hacer parecernos más a Cristo en su carácter.

Creo que me entienden y no sigo más.

¡Qué Dios avive nuestras vidas!

viernes, 7 de enero de 2011

La evangelización a toda criatura y la redención limitada.

¿Es posible evangelizar con convicción, denuedo y franqueza a todo ser humano si es que se cree que la redención de Jesucristo es limitada?

Redención limitada es una doctrina que en pocas palabras dice lo siguiente: “Cristo murió por los elegidos y es por eso que sólo ellos serán salvos”. Esto significa que ninguno que no sea elegido puede beneficiarse del sacrificio de Jesucristo y de lo que el mismo trae para el pecador que se arrepiente y cree en Jesús.
No quiero discutir la verdad o falsedad de esta doctrina. Desde que apareció esta doctrina en la historia del cristianismo; ésta ha tenido, tiene (y tendrá) sus defensores y sus detractores. Son muchos los años en que se discute sobre ella entre cristianos e iglesias y no se llega a una solución que “satisfaga” a uno u a otro.
Algunas iglesias cristianas se han dividido a causa de esta doctrina. Eso es lo más doloroso y trágico para mí. No hay ninguna razón para dividir iglesias por esta doctrina pues no está expresada ni clara ni contundentemente en la Biblia. Se puede llegar a ella por medio de razonamiento y lógica, pero a todos aquellos que lo hacen y se afirman en esta doctrina por ese medio, les recuerdo lo que dijo Dios por medio del profeta Isaías hace muchos años atrás:
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9).
Acabo de leer un artículo atribuido a J.I.Packer. Me sorprende con cuánta lógica y tan poca escritura defiende un tema que debería tener más escritura y menos lógica. La Escritura debe parametrar la lógica, no la lógica a la Escritura. En fin. Lean su artículo en: http://www.iglesiareformada.com/Packer_salvacion_biblica.html

Volviendo a texto que he citado. Es muy interesante que estas declaraciones de Dios estén dadas en el contexto de una “ilimitada y limitada” invitación a ser perdonado. “Ilimitada” porque Dios lanza su oferta de perdón a todo hombre impío e inicuo. “Limitada” porque Dios dispone que todo impío e inicuo que deje su camino de impiedad y se convierte y se vuelve a él será el que experimente el “amplio e ilimitado” perdón suyo. (Isaías 55:6-7).
Recomiendo leer un resumen bíblico muy básico, pero clarísimo respecto a este tema.  No tiene muchas palabras ni mucha argumentación más que citas bíblicas. Es por eso, que lo recomiendo. Como dice el dicho: “A buen entendedor, pocas palabras”. Entren al siguiente link: http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/reformed/limited.htm

No es mi propósito ahora seguir ahondando en esta doctrina que surgió en algún tiempo de la historia del cristianismo. Lo que me interesa es resaltar y denunciar el efecto pernicioso y negativo que la misma causa en la presentación del evangelio de Jesús y en el evangelizador.
La pregunta que encabeza este escrito me la he hecho y pienso que tiene que hacérsela también todo hijo de Dios que está listo y dispuesto para evangelizar “a toda criatura”, como es que nos mandó nuestro Señor en Marcos 16:15-16 y en otros varios textos antes de irse a los cielos.
Más allá de toda cuestión está el hecho de si es posible o no evangelizar honesta, franca e indudablemente a toda persona de este mundo, creyendo que Jesucristo no murió y resucitó para salvar a todo hombre. Ese es el problema serio que yo encuentro en esta doctrina, muy aparte del hecho de si tiene o no contundencia bíblica.
Este escrito está divido en tres partes, que las mostraré una tras otra:
1. El Señor Jesucristo dejó muy claro respecto a cuánta persona tenemos que evangelizar y discipular.
Las palabras de Jesucristo antes de partir a los cielos luego de morir y resucitar han sido registradas por los evangelistas y tienen la facultad de ser clarísimas y sin ni una pizca de ambigüedad: “Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo. 28:19). “Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15). “Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” (Lucas 24:47). “Como me envío el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21 comparado con Juan 17:18). “Y me seréis testigos en Jerusalén, toda Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Entre los cristianos no hay discusión respecto al alcance de estos mandatos. La mayor parte de los cristianos estamos de acuerdo en que tenemos que predicar el evangelio a toda criatura (a toda persona, sin excepción alguna), a todas las naciones y en todas las naciones (grupos étnicos, sin exceptuar a ninguno), por todo el mundo y hasta lo último de la tierra (específicamente, eso quiere decir donde haya seres humanos, no debemos dejar ningún lugar en que estos estén sin que prediquemos el evangelio).
Dios nos ha dado esta comisión y tenemos que obedecerle. Nuestro amor a Dios nos impele a obedecerle sin chistar. Somos discípulos de Jesús y como tales, por amor y lealtad a él tenemos que cumplir con su voluntad.
Su voluntad es que prediquemos a toda persona, a todas las naciones y en todo el mundo. En un pensamiento corto, Jesucristo nos ha ordenado que anunciemos su evangelio a toda persona que hay en el mundo.
¿Podemos cumplir su voluntad con firmeza y determinación sabiendo que él nos mandó a predicarle su evangelio a toda persona que hay en el mundo, si es que “creemos” que no murió ni resucitó para salvar a toda persona, como enseña la doctrina de redención limitada?
¿Podemos mirar a los ojos a una persona dondequiera que ésta se encuentre y decirle convincentemente que Jesucristo quiere perdonarle y salvarle de sus pecados si se arrepiente de ellos y cree en él, “sabiendo” que, “posiblemente”, Jesucristo no murió ni resucitó para perdonarle y salvarle él, porque “posiblemente” él no es su elegido?
¿Puede una iglesia tener intercesión y un plan misionero para alcanzar a toda persona en este mundo cuando no cree que la redención de Jesucristo abarca y alcanza a toda persona que habita en este mundo?
2. El fundamento del mandato de Jesucristo de evangelizar y discipular a cuanta persona hay en el mundo es el hecho innegable que quiere salvar a toda persona y que murió y resucitó para hacerlo.
Existen un buen número de textos bíblicos que muestran que Dios quiere, puede y ha provisto salvación para todo pecador que se arrepiente y pone su fe a él. Estos textos están tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Desde luego, también existen muchos textos que declaran y detallan lo que va a ocurrir con los impíos y pecadores que no se arrepienten ni creen en el Dios que quiere y puede salvarles, y además ha provisto salvación para ellos.
Mi escrito está enfocado no en cuántos de los pecadores van a ser condenados sino en cuántos de los pecadores tienen la oportunidad de salvarse. Como ese es el norte de mi escrito, voy a alistar algunos de los textos bíblicos que declaran y detallan la voluntad de Dios respecto al alcance de la salvación de Dios.
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6-7).
 A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad si dinero y sin precio, vino y leche… Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:1, 6-7).
“¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartaré de sus caminos?... Porque no quiero yo la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis”. (Ezequiel 18:23, 32).
“Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (Mateo 11:28).
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo; que os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor… ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad de Dios para con los hombres! (Lucas 2:10-11, 14).
“Porque el hijo del hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18).
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándole en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18-19).
“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Timoteo 2:3-6).
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1-2).
Cuando estas palabras fueron dadas, fueron dadas ¿porque Dios tenía en mente a todos los pecadores o sólo a algunos de ellos? Si es que él sólo estaba queriendo, pensando, proveyendo y llamando a un grupo de pecadores, ¿por qué es que no lo dijo? ¿Por qué es que usó palabras tan amplias cuando su plan de salvación no era así de amplio?
Si realmente Dios no quiere, no ha provisto, ni llama a todo hombre al arrepentimiento para ser salvo, ¿por qué es que estos textos bíblicos presentan que quiere y que ha provisto salvación para todos ellos?
¿Por qué debemos ir y predicar el evangelio a toda criatura si es que realmente Dios no está interesado en salvar a toda criatura? ¿Por qué vamos a obedecer un mandato que nos dice claramente que le prediquemos el evangelio a toda criatura cuando Dios no tiene la más mínima intención de salvar a toda criatura sino sólo a unas cuantas?
Cuando Pablo fue estuvo en Atenas predicó su mensaje declarando con firmeza, convicción y franqueza estas palabras:

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31).
¿Pablo creía que Dios estaba convocando y llamando al arrepentimiento a todos los hombres o creía que sólo algunos de los hombres estaban siendo convocados y llamados? ¿Creía Pablo en la literalidad de lo que estaba predicando o para él las palabras no tenían el significado que tenían, sino que tenían que ser todavía “interpretadas”?

¿Pablo estaba diciendo literalmente lo que estaba diciendo, pero mental y lógicamente estaba diciendo otra cosa? ¿Podemos nosotros ahora leer literalmente lo que Pablo dijo, pero lógica y mentalmente interpretar sus palabras en manera diferente?
Detrás de la firmeza y de la convicción con la que hablaba Pablo estaba su fe y su creencia en que Dios estaba haciendo un llamado literal. Dios mandó que todo hombre de todo lugar se arrepienta porque él quería e iba a perdonar y librar de su juicio a todo aquel que lo hiciese.
Todos estamos de acuerdo en que se debe predicar a toda persona en este mundo, pero es en el alcance de la salvación que Cristo obró donde empiezan las discrepancias. Para un sector de cristianos, Cristo murió para salvar sólo a algunos hombres, no a todos. Para otro sector, Cristo murió para salvar a todos, aunque no todos se salven.
La evangelización que cada uno haga dependerá mucho de qué es lo que cree respecto a este tema. Personalmente, veo muy difícil que uno pueda predicar el evangelio mirando a los ojos a todo hombre si es que no cree que realmente Dios quiere y ha provisto salvación para esa persona que tiene por delante.
3. Una persona que no cree que Jesucristo murió y resucitó para perdonar y salvar a cuánta persona hay en el mundo, no “puede” evangelizar ni discipular con certidumbre, convicción y franqueza a toda persona de este mundo.
Lo que he escrito lo he escrito con temor y temblor. No quiero ser juez de mis hermanos en Cristo. No quiero ofender, lastimar, desanimar ni ser causa de enojo ni de tropiezo a mis hermanos en Cristo que están persuadidos y convencidos de la doctrina de redención limitada.
Aprecio y respeto a Charles Spurgeon. Él era uno de aquellos que creía y abrazaba firmemente la doctrina de redención limitada. He encontrado uno de los sermones en los que él presenta lógica y convincentemente su posición teológica. Ustedes pueden leerlo entrando a este link:
En su sermón, que seguramente fue presentado con la elocuencia y la pasión que era propia de él, antes de concluir, dijo lo siguiente a modo de conclusión e invitación:
“Dejando la controversia, responderé a una pregunta: ¿Por quién murió Cristo? Respóndeme a un par de preguntas y te diré si Cristo murió por ti. ¿Quieres un Salvador? ¿Sientes necesidad de Él? ¿Tienes conciencia de pecado esta mañana? ¿Te ha enseñado el Espíritu Santo que estás perdido? Si es así, Cristo murió por ti y serás salvo. ¿Tienes conciencia de que Cristo es tu única esperanza en este mundo? ¿Comprendes que no puedes ofrecer por ti mismo una expiación que satisfaga la justicia de Dios? ¿Has abandonado toda confianza en ti mismo? ¿Y puedes decir de rodillas: "Señor, sálvame, o perezco? Cristo murió por ti.”
Como puede verse y leerse, Spurgeon no lanzó una invitación y convocatoria abierta a todo pecador para que creyese en Jesús luego de su sermón. No, no lo hizo. Spurgeon lanzó una invitación y convocatoria a todo pecador que cumpliese “ciertas” condiciones. Él no dijo: “pecador, Cristo murió y resucitó para salvarte, arrepiéntete y cree en él para ser salvo”. Lo que él dijo fue:
¿Eres pecador? Si así lo sientes, si así lo reconoces, si así lo confiesas, estás invitado a creer que Cristo murió por ti, porque tú eres pecador; y eres instado a caer sobre esta grande e inamovible roca, y a encontrar seguridad eterna en el Señor Jesucristo.”
Su invitación sólo fue dirigida a aquél pecador que fuese consciente de serlo y que quisiese ser salvo. Su invitación fue solo a ellos porque para él sólo por este tipo de pecadores Cristo murió. Ese es justamente mi punto. La persona que cree que Cristo sólo murió por algunos, aunque esos algunos sean una multitud tan grande que nadie puede contar, no puede convocar ni con franqueza ni convicción a todo pecador para que crea en Jesús.

Spurgeon olvidó que, en la parábola de la oveja perdida y el buen pastor, el pastor salió a buscar a la oveja independientemente de si ésta era consciente o no de que estaba perdida, ni si ella quería que se la buscase. En esa misma manera, Jesús murió y resucitó por los pecadores independientemente de si ellos son o no conscientes de su necesidad de que él hiciese estas cosas por ellos.
Spurgeon ya está en la presencia de nuestro Señor y seguramente ahora sabe en qué estuvo acertado y en qué se equivocó. No he escrito ni hecho esta observación de su sermón para desmerecer su ministerio. Dios usó a este varón y es uno de los predicadores que más he leído y que más me ha animado.
En el presente hay varios hermanos que aprecio que creen esta doctrina. No intento discutir con ellos. Presento este escrito con mi preocupación personal. Es difícil predicar el evangelio a toda criatura creyendo la doctrina de redención limitada.
Es muy difícil decirle a un pecador: “Cristo murió por tus pecados” cuando uno no sabe ni tiene la certeza de si él será uno de aquellos por quienes Cristo murió. Se le puede decir: “pecador, es muy posible, quizás, tal vez, puede ser, a lo mejor… que Cristo haya muerto y resucitado por ti”.
Es más difícil todavía decirle a un pecador: “cree en Jesucristo y serás salvo”. Esta verdad está enseñada en varios textos de la Biblia. Coloco aquí Juan 3:14-18. En este texto fue el propio Jesús quien enseñó que creer en él salva eternamente. Si uno no cree que Jesús quiere y puede salvar a todo pecador, lo que le dirá al pecador será esto: “Cree en Jesucristo y quizá, a lo mejor, tal vez, posiblemente, puede ser… que seas salvo”.
Si un grupo de pecadores fuesen persuadidos por la predicación del evangelio y nos preguntasen compungidos y convencidos, como un buen grupo de ellos le preguntó a Pedro y a los otros apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Muy difícilmente les podríamos contestar nosotros con la firmeza y convicción que contestaron estos siervos de Dios, si nosotros no creyésemos como creían ellos, que Jesús quiere y salva a todo aquel que se arrepiente y cree en él.
Si un hombre nos hiciese una pregunta tan clara y específica como la que el carcelero de Filipos le hizo a Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”. Nosotros no podríamos responder como lo hizo él si es que creyésemos que la redención es limitada. Nosotros no podríamos decirle firmemente: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. (Hechos 16:30-31).
Tanto Pedro como Pablo asumieron que Cristo quería, podía y había provisto salvación para todo pecador. Para ellos no había duda ni vacilación. Estaban convencidos y por eso hablaban así. Su convicción no dependía de lo que el pecador estaba haciendo o sintiendo en ese momento ni de lo que el pecador haría después, sino de lo que ellos sabían y conocían de Cristo: sabían quién era él, qué había hecho a favor de los pecadores, qué ofrecía y qué daba él a los que creían en él.
Conclusión
Este tema da para más. No he puesto aquí todo lo que quiero ni lo que debo decir. Me siento muy corto para hablar de este tema. Me consuelo en el hecho de que Pedro reconoció que hasta a él le era difícil entender todo lo que estaba escrito (2 Pedro 3:15-16). Pablo mismo mostró que no entendía totalmente a Dios y por ende lo que él ha dejado escrito en la Biblia (Romanos 11:33-36).
Si ni Pedro, ni Pablo, que estaban bajo inspiración entendieron totalmente la Escritura, ¡cuánto más cualquier otro cristiano posterior a ellos podrá entenderla en un cien por ciento, por más piadoso y estudioso que haya sido o sea! Digo esto porque algunos quieren que tomemos partido o por Calvino o por Arminio, como si ellos o sus escritos fuesen el fundamento de nuestra fe.
No tenemos que ser ni de uno ni de otro. Tenemos que pegarnos a las Escrituras, es con ella que tenemos que sustentar nuestra fe, nuestra práctica, nuestras creencias y nuestras enseñanzas. Lo que Calvino o Arminio creían respecto a la redención no es nuestro fundamento, sino lo que está escrito en la Biblia, lo cual es primero y antes que ellos dos.
Hasta este momento yo no he intervenido ni he querido participar en esta discusión. Hace algún tiempo decidí que no voy a gastar tiempo ni energía en lo que no tiene una solución en el presente. Los que están persuadidos de la redención limitada van a seguir con su creencia. Igual va a ocurrir con los que abrazan la redención ilimitada.
Intervengo en la discusión porque conozco iglesias que se han dividido y cristianos que están confundidos por esta doctrina. Me entristece que esto sea así. Participo porque recibo preguntas sobre este tema y creo que tengo el deber de declarar públicamente lo que respondo cuando se me hacen las preguntas.
La redención limitada no puede hacer una convocatoria ilimitada. Esa es su grande debilidad. Muy aparte de que haya textos bíblicos que van en contra de ella. La redención limitada no “puede” cumplir con la gran comisión propiamente dicha.
El que cree en esta doctrina no puede mirar con franqueza a los ojos a todo pecador para ofrecerle el bendito evangelio de Jesucristo; Solamente puede mirar con franqueza a los ojos de algunos pecadores arrepentidos.
El que cree en esta doctrina no puede hablarle con convicción el evangelio de Jesucristo a todo pecador; solamente puede hablarles con convicción el evangelio de Jesús a algunos de ellos.
 El que cree en esta doctrina no puede decirle firmemente a todo pecador que Cristo quiere, puede y va a salvarle si es que cree en él; solamente puede decirle firmemente esas palabras a algunos pecadores cuando ya den evidencias de su arrepentimiento.
Los cristianos e iglesias que creen esta doctrina tampoco pueden rogar a Dios pidiendo la salvación de todos los pecadores. No, ellos solamente pueden orar a Dios, pidiendo la salvación de algunos pecadores que ojalá sean elegidos. Orar a Dios por los hombres contradecirá sus creencias, para ser consecuentes con su doctrina ellos tendrán que orar pidiendo a Dios que salve a algunos pecadores.
Ni siquiera a nuestros hijos y ni a nuestros familiares cercanos y lejanos les podemos predicar con libertad y firmeza si es que creemos que la redención de Jesucristo es limitada. ¿Con qué cara le podemos enseñar y decir nuestros hijos y a nuestros familiares cercanos y lejanos que Cristo quiere salvarle si es que no creemos que es así?
La doctrina de redención limitada afecta negativamente y debilita totalmente la evangelización a toda criatura. No podemos predicar ni con firmeza, ni denuedo mucho menos con franqueza el evangelio a menos que ocurra una de estas cosas:
  1.  O que tengamos la certeza de que la persona o personas a las que estamos predicando pertenecen a los “elegidos”, es decir, al grupo de personas por las que Cristo murió y resucito. Lo cual es imposible de conocer y ver antes de que una persona venga a Cristo y se arrepienta y crea en él.
  2.  O que creamos que Cristo murió y resucitó para salvar a todo hombre y que su salvación no está limitada por él ni lo que él hizo, sino por la propia incredulidad del pecador que no quiere creer ni arrepentirse a Jesús, que se dio a sí mismo en rescate por todos.  
Finalizo este escrito con una porción de la Escritura, una pregunta y una oración.

La porción de la Escritura:
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándole en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” (2 Corintios 5:18-19).
La pregunta:
¿Cómo podemos ir al mundo y a todos los hombres del mundo para decirles con denuedo, convicción y franqueza que se reconcilien con Dios cuando no creemos que Dios haya estado en Cristo reconciliando consigo al mundo y a todos los hombres?

La oración:
“Dios de toda gracia, que eres abundante y amplio para perdonar. Ayúdanos a predicar con firmeza y convicción el evangelio de Jesucristo a toda persona de este mundo. Quita de nosotros todo aquello que no nos permite mirar a los ojos de pecador para declararle con denuedo que tú quieres que se arrepienta y crea en Jesús, a quien tu mandaste para proveerle salvación y darle la oportunidad de ser salvo de sus pecados y de tu juicio por ellos. Amén”.

viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Mi gratitud a los que aprecian, oran y ofrendan para los predicadores del evangelio y la obra que hacen para Dios!

"Por gratitud a los hermanos que por amor a Dios sostienen la obra que él está haciendo en este mundo".

Me convertí a Cristo a los 22 años. Fue un 29 de Junio de 1987. Una vez convertido, me pregunté: ¿Qué es lo que voy a hacer ahora? ¿A qué me dedicaré? Fue un momento crucial. Mientras meditaba en mi futuro y la vocación que seguiría, vino a mi mente este pensamiento: “Dedícate a predicar y a enseñar mensaje que ha cambiado tu vida”.

Empecé a predicar muy pronto. Primero di mi testimonio ante muchos. Lo hice en las iglesias y fuera de ellos. Luego di un mensaje y luego otro, otro y otro. Llevo predicando hasta hoy unos 23 años.
He visto conversiones a Cristo, crecimiento en mis hermanos y dedicaciones al ministerio. Dios ha bendecido el trabajo que he hecho.

Cuando tuve 22 años y me dediqué al ministerio de predicación y enseñanza de la palabra de Dios no fui consciente de lo que me costaría serlo. Estaba listo a servir. No me asustaron las dificultades del ministerio. Es muy simple… no las había experimentado, recién estaba empezando.

Ahora que ha pasado tanto tiempo y después de haber visto tantas cosas me he hecho estas preguntas: ¿Cómo es que he llegado hasta aquí? ¿Por qué he podido servir a Dios? ¿Por qué seguiré aún sirviéndole?
Seguro que hay varias respuestas a mis interrogantes. Una de ellas es Dios, siempre Dios. Dios es todo y en todo. Por él somos y por él nos movemos. Como dice un canto: “Sin Dios nada somos en el mundo; sin Dios nada podemos hacer. Ni las hojas de los árboles se mueven, sino es por su poder…”.

No me quiero enfocar ni en esta respuesta ni en otras que puedan contestar las interrogantes que me he planteado. En este escrito quiero enfocarme en los hijos de Dios que hacen posible que haya predicadores y ministros de la palabra. Estos hijos de Dios son los que aprecian, oran y ofrendan para los predicadores y la obra que hacen para Dios en este mundo.

Así como el que se dedica al ministerio de predicación y enseñanza de la palabra de Dios es sensible al llamado divino y por obediencia a Dios se entrega a dicho trabajo; los que aprecian, oran y ofrendan para la obra de Dios y los predicadores, también son sensibles al llamado de Dios y es por obediencia y amor a él que hacen lo que hacen.

Los que aprecian y tienen por alta estima y amor a los predicadores me han estimulado sobremanera. Los predicadores somos como cualquier otro ser humano. Queremos que nuestro trabajo sea valorado y apreciado.

El mundo en que vivimos valora los oficiosos prestigiosos y bien remunerados; honra y alaba la ocupación que da éxito y prosperidad. Este mundo no estima ni valora el oficio de predicador de la palabra de Dios, al contrario de eso, lo menosprecia y hasta se burla del mismo.

Las personas que miran con buenos ojos el oficio de pastor, de misionero y de evangelista son muy importantes en la vida de un predicador. Gracias a Dios, yo siempre he encontrado hermanos y hermanas en Cristo que me han dicho: ¡Adelante, aprecio lo que haces para Dios!

Estos hermanos han aparecido y aparecen (y aparecerán) en momentos cruciales de mi vida. Sus palabras, sus miradas, sus gestos y sus acciones de aprecio me han animado y han hecho levantarme para seguir adelante. ¡Gracias hermanos, ustedes han hecho y hacen mucho por mí, mi familia y el trabajo que hacemos para nuestro Dios!

Los que oran e interceden por los predicadores me han sostenido y ayudado en momentos muy críticos de mi vida. La oración hace mucho por los predicadores. Pablo pidió a los hermanos de Roma que le “ayuden” orando por él a Dios. La oración “ayuda… y ayuda mucho.” Es por eso que un amigo mío dice a la oración: “oracción”.

Cuánto me han ayudado y me ayudan (y me ayudarán) los que oran por mí. Eso no lo sabré totalmente mientras estoy en la tierra. Lo que sí sé es que he pasado días durísimos siendo soltero y siendo casado. Esos momentos han sido tan, pero tan duros, que ya no quería levantarme ni seguir en la carrera.

Pero estoy aquí, de pie, con ganas de seguir. No me he quedado postrado ni he renunciado a mi determinación de ser fiel y de servir al Señor cueste lo que cueste. ¿De dónde sale esa fuerza? Sale y me viene de ustedes, de los que oran e interceden por mí y mi familia.

Ustedes, que yo no veo físicamente, pero que están allí, recordándome y rogando por mí y mi familia ante Dios. Ustedes me ayudan, me sostienen y me desafían a seguir sirviendo.

Los predicadores somos como todos los seres humanos. Pecamos, nos cansamos, nos desanimamos, nos acobardamos, etc. Sus oraciones hacen que nos arrepintamos, que tengamos fuerzas, que cobremos ánimo, que tengamos valor, etc.

¡Gracias a Dios por ustedes, que oran e interceden por mí! ¡Lo que soy y lo que hago de bueno en el servicio a Cristo y su reino es gracias a que ustedes me ayudan con sus oraciones!

Los que ofrendan por los predicadores satisfacen las necesidades mías y de mi familia y permiten que me movilice para hacer la obra de Dios. Cuando fui soltero me preocupé mínimamente por la comida, el vestido, la vivienda, la movilidad,… y el dinero que nos permite tener esas cosas.

¿Por qué no me preocupé mucho por eso? Porque era joven, mis padres estaban cerca y no era tan responsable que digamos. Cuando fui a prepararme para el ministerio tuve que trabajar para pagar mis gastos de educación. Fui allí cuando empecé a entender que “la obra de Dios cuesta dinero”.

La primera vez que fui a predicar lejos de mi ciudad pensé así: “para servir al Diablo he ido hasta caminando a lugares distantes, cuánto más para servir a Dios”. No tenía miedo y estaba dispuesto a subirme a un camión y viajar y viajar hasta llegar al lugar en que iba a predicar. Recuerdo que no tuve dinero para empezar el viaje sino hasta el mismo día en que tuve que partir. El pastor de la iglesia anunció que me iba a predicar y recogieron una ofrenda para mis gastos de viaje.

Yo estaba dispuesto a ir y me iba a ir hasta tirando dedo, como se dice. Mi determinación a ir no dependía de la ofrenda, me iría hasta sin ella, pero... ¡qué bueno y que bendición que recogieron y que me dieron esa ofrenda! ¡Esa ofrenda me ayudó a ir e ir más rápido al lugar en que iba a predicar!

A través de mis 23 años de ministerio he ido aprendiendo que hacer la obra de Dios cuesta dinero. Dicho aprendizaje ha sido más y más consciente estando ya casado. En especial, mi aprendizaje sobre la importancia y el valor que tienen los que ofrendan y dan dinero para cubrir las necesidades del predicador, su familia y su ministerio han sido mayores en estos 5 últimos años.

La vida se ha hecho dependiente del dinero. Ahora una persona “no puede” ni tomar agua sin que pague dinero o sin que otro pague por él. Desde luego, existen aún lugares en los que uno puede tomar agua gratis, pero en mi ciudad, la ciudad en que vivo, tomar agua cuesta dinero.

Ayer mismo, al tomar un taxi, el conductor comenzó a criticar a un predicador que se está, según él, “enriqueciendo” con las ofrendas. Le escuché por un buen tiempo y luego comencé a explicarle cómo las ofrendas permiten que la obra de Dios se haga. No excusé al predicador que “puede” estar haciendo un mal uso de las ofrendas del pueblo de Dios, pero le expliqué como las ofrendas sostienen a los predicadores y la obra que hacen.

Al despedirme de él, cuando llegué a mi destino, le dije: “Te aseguro que tú no estarías muy contento si es que yo te dijera: mira soy un predicador, hago la obra de Dios, no tengo que pagarte nada”. El conductor, me sonrío, me miro a los ojos y me recibió el pago por la carrera que me hizo. Mi conversación con él fue muy buena y él entendió que el predicador es un trabajador “como” cualquier otro y que las ofrendas son “como” su salario.

Al estar casado y tener tres hijos (y una hija en adopción no formal) he aprendido cuánto bien hacen a la obra de Dios los que ofrendan para los predicadores y la obra que hacen. El predicador y su familia necesitan vivienda, alimento, vestido, movilidad, etc.

La vida en el mundo moderno requiere cada vez de muchas más cosas para funcionar eficientemente dentro del mismo. ¿Cómo las obtienen los predicadores? ¿Cómo es que sus familias son provistas? ¿Cómo es que pueden movilizarse y tener la logística necesaria para su trabajo?

Los predicadores, nuestras familias y nuestros ministerios son posibles gracias a ustedes queridos y apreciados hermanos. Ustedes nos sostienen a nosotros, a nuestras familias y a la obra que hacemos. Ustedes son muy importantes en la vida de todo predicador, su familia y su ministerio. Lo que se ha hecho, se hace y se hará para Dios en este mundo es gracias a ustedes, que ofrendan y dan dinero para la obra de Dios.

¡Gracias a Dios por ustedes que ofrendan y suplen las necesidades mías, de mi familia y del ministerio que realizo! ¡Lo que hago para Dios y por su reino por dondequiera que voy es gracias a ustedes! ¡Gracias, hermanos!

A modo de conclusión:

Cuando empecé a predicar no tuve ni la menor idea de que iba a vivir de este mi trabajo. No fue como escoger una carrera profesional o cualquier otro oficio. No pensé en ganar dinero para sostenerme a mí, en ese tiempo, ni a mi familia en el presente. Yo solamente quise servir a Dios, a su iglesia y la humanidad predicando el evangelio de Jesús.

En todos estos años Dios me ha sostenido. No me ha fallado; yo sí y muchas veces. Lo que él ha hecho por mí y mi familia hasta hoy me hace ver mi futuro con esperanza. Si él no me lleva aún y si quiere que siga sirviéndole como predicador, me sostendrá... ¡de eso estoy seguro! Como dice mi esposa: “Dios nos cuidará y proveerá”.

He terminado un año más de servicio a Dios y a su reino. He escrito estas palabras para agradecer a mis hermanos y a las iglesias a través de quiénes Dios me ha sostenido y sostiene. Durante todo este tiempo he visto la mano de Dios sobre mí, mi familia y ministerio.

He visto la mano de Dios a través de ustedes: que me aprecian por ser lo que soy; que oran por mí, mi familia y ministerio; y que ofrendan para mis necesidades y el ministerio que realizo. ¡Dios me sostiene a través de ustedes!

¡Muchas gracias, hermanos! ¡Ustedes son muy importantes para mí, mi familia y mi ministerio! ¡Ustedes son vitales para el avance del reino de Dios en todo el mundo! ¡Solo la eternidad revelará todo el bien que ustedes han hecho al apreciar, orar y ofrendar para los predicadores, sus familias y sus ministerios!

El reino de Dios requiere de más y más personas como ustedes. Muchas más personan serán salvas por creer en Jesucristo gracias a personas como ustedes. El mundo tiene esperanza y oportunidad mientras haya hijos de Dios como ustedes.

¡Qué Dios les bendiga y prosperé en todo lo que emprendan!

Con aprecio, amor y mucha gratitud.
Segundo Rodríguez

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Dios está buscando personas como Nehemías

Nehemías: El hombre de Dios que encabezó la restauración de Jerusalén
(Nehemías 1:1-11).

Dios siempre quiere que su pueblo esté mostrando su poder y su gloria a través de su buena conducta.

Había transcurrido mucho tiempo desde que su juicio sobre los judíos se había consumado; era ya el momento de restaurar a la nación.

Era el tiempo de restaurarla porque los judíos y la ciudad de Jerusalén, tal como nos dice el relato bíblico, se encontraba en una situación muy bochornosa.

Los testigos de estos hechos dijeron a Nehemías: “El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas por el fuego”(1:3).

Para un trabajo tan importante, Dios necesitaba de un hombre, un hombre que se involucrará y se entregará con todo su corazón a restaurar el símbolo de la vida religiosa y píadosa de los judíos: la ciudad santa de Jerusalén.

El hombre que Dios usó para esta importante misión fue Nehemías. ¿Porqué él, y no otro? La repuesta a esta interrogante se encuentra en el capítulo 1 y en todo el libro de Nehemías.

En el tiempo presente. Dios desea también tener a su iglesia en todo su poder y mostrando toda la gloria de la que él mismo la ha revestido.

La iglesia, al igual que el pueblo judío, también es muchas veces desobediente y rebelde. Por está causa Dios juzga a su iglesia y la pone entre los hombres como objeto de vituperio y burla.

¿No se burla la gente de este mundo cuando oye y ve que los hijos de los cristianos se comportan moralmente peor que los hijos de los que no siguen a Cristo?

¿No es vitupereada la palabra de Dios y el propio Señor Jesucristo cuando una familia de cristianos es desvastada por el divorcio de los esposos?

¿Acaso no se ríen los no cristianos de la palabra de Dios cuando un pastor deja a su esposa y se va con la esposa de su diácono?

Podríamos alistar una serie de hechos mostrar como el mundo recibe "motivos" para menospreciar a los cristianos y burlarse de ellos.

Mas Dios no quiere que su iglesia viva así por siempre. Al contrario, Dios quiere que su iglesia sea siempre poderosa y victoriosa.

Actitudes y gestos como las del pastor aquel que intentó quemar el Korán como una manera de conmemorar el atentado de las torres gemelas de Nueva York dañan el testimonio del evangelio y desacreditan lo que la Biblia dice, lo cual a su vez afecta la manera en que el mundo ve a los cristianos.

Esto a su vez afecta al cristiano que tiene que enfrentarse ante las personas de este mundo día a día. Dicha afectación se nota en que a muchos cristianos les falta el gozo y el vigor que siempre han acompañado a los hijos de Dios al andar en este mundo que es adverso a Jesús.

Por está causa, el testimonio de Jesucristo y de su evangelio está venido a menos en muchas de las ciudades de este mundo.

Es tiempo de que los cristianos nos preocupemos y trabajemos arduamente para restaurar la vida espiritual de la iglesia y del evangelio en dondequiera que nos encontremos.

Al igual que antes, Dios está buscando hoy hombres y mujeres que sean sus intrumentos para realizar este importante trabajo. ¿Estamos nosotros dispuestos a que Dios nos use en la restauración del testimonio de la gloria de Su Hijo Jesucristo y del evangelio que él trajo a este mundo en oscuridad?

Si nosotros estamos interesados en ser los instrumentos de Dios para hacer realidad esta restauración, este libro de Nehemías nos ayudará mucho. En especial el capítulo 1, que es el capítulo en el que se nos muesta las características básicas y fundamentales del hombre(s) o mujer(es) que Dios que Dios usa para hacer trabajos de esta índole.

Las características básicas que tuvo Nehemías, y que le permitieron ser el instrumento de Dios para restaurar el testimonio de su sufrido y derrotado pueblo fueron:

1.Interés genuino por la condición de vida de sus hermanos (1:1-3)

2.Sufrimiento, angustia y dolor por el mal y la afrenta en las que se encontraban sus hermanos (1:4).

3.Intercesión reverente, escrituraría, humilde y empática ante Dios por sus hemanos (1:5-11).

4.Disposición a involucrarse personalmente en el grupo de todos los que estaban interesados en la restauración de la ciudad y el testimonio de sus hermanos (1:11).

Recordemos que estas mismas características quiere ver Dios en nosotros hoy para que nos considere como dignos de realizar la labor de restaurar el testimonio de Jesucristo y de la iglesia que él ha comprado con su sangre.

Se necesitan más y más cristianos con las características antes anunciadas. Hoy hay una gran necesidad de hombres que sean como Nehemías.

Hay una gran necesidad de personas que se interesen, se duelan, oren fervientemente y que trabajan por el bien de otros. Los cristianos debemos ser personas así. Debemos ser personas enfocadas en el bien de los otros.

Estoy seguro de que Dios usará grandemente a personas así. Tengo la certeza de que las personas que no conocen a Cristo notarán y se acercarán pronto a cristianos con estas características.

Es mi oración a Dios, que mientras has leído estas palabras, él te haya animado, desafiado y convencido de ser un cristiano como Nehemías.

Tú mismo, tu familia, tu iglesia, tu comunidad y, sobre todo, Dios esperan de ti una entrega, una conducta y una determinación como la de Nehemías.

Que tanto tú como yo seamos los Nehemías que Dios, la iglesia y la humanidad están esperando.